Según un nuevo análisis, los traumatismos craneales derivados de la práctica deportiva pueden alterar la delicada barrera hematoencefálica y provocar inflamación en los deportistas durante más de una década después de su retirada. Estos hallazgos son de los primeros en describir el impacto a largo plazo de los traumatismos craneales en el sistema vascular del cerebro y ofrecen pistas sobre cómo estas alteraciones pueden estar relacionadas con el deterioro cognitivo y otros rasgos característicos de la encefalopatía traumática crónica (ETC). Las conmociones cerebrales y los traumatismos craneales derivados de deportes como el fútbol americano, el boxeo y el rugby afectan a entre 1,6 y 3,8 millones de personas cada año en EE. UU. Las tasas de lesiones subconcusivas —aquellas que ejercen fuerzas por debajo del umbral de la conmoción cerebral, pero que siguen siendo perjudiciales— son aún más elevadas. Con el tiempo, las lesiones repetitivas pueden provocar ETC, un trastorno neurodegenerativo que solo puede diagnosticarse mediante una autopsia. Algunas investigaciones sugieren que las alteraciones de la barrera hematoencefálica contribuyen a la aparición de ETC, pero no hay datos sobre cómo las lesiones craneales relacionadas con el deporte afectan a la barrera hematoencefálica a largo plazo. En esta ocasión, Chris Greene y sus colegas presentan uno de los primeros análisis del impacto de las lesiones deportivas en la barrera hematoencefálica de los deportistas mucho tiempo después de su retiro. Los investigadores utilizaron la resonancia magnética para obtener imágenes del cerebro de 47 deportistas retirados, en su mayoría jugadores de rugby, aunque también había boxeadores y jugadores de fútbol gaélico, entre otros. Los autores también reclutaron a un grupo de control, que incluía tanto a personas no deportistas como a deportistas con experiencia en deportes sin contacto, como el remo. Los practicantes de deportes de contacto llevaban retirados una media de 12,1 años. A pesar de este tiempo transcurrido, las pruebas de imagen revelaron marcadores claros de alteración de la barrera hematoencefálica. También se detectaron anomalías en el sistema del complemento del cerebro, incluida una expresión alterada de los receptores de complemento C5AR1, ITGAM, ITGB2 y CD59. El equipo también identificó un subgrupo de 17 deportistas que no solo presentaban una permeabilidad elevada de la barrera hematoencefálica, sino que también mostraban un peor rendimiento cognitivo, un menor volumen cerebral y un recuento elevado de monocitos. Greene y sus colaboradores señalan que su trabajo se ve limitado por el reducido tamaño de la muestra, pero afirman que, no obstante, podría ayudar a identificar futuras vías de actuación para mitigar la alteración de la barrera hematoencefálica y ETC.