Un nuevo estudio interdisciplinario publicado en Nature1 reconstruye más de 2.000 años de historia poblacional en el Valle de Uspallata (UV), en Mendoza, Argentina, un frente meridional de la expansión de la agricultura andina en tiempos antiguos, y aporta enseñanzas más amplias sobre cómo la agricultura moldeó a las sociedades y cómo las comunidades atravesaron sus crisis. Al combinar paleogenómica humana y de patógenos con análisis isotópicos, arqueología y registros paleoclimáticos –y en estrecha colaboración con comunidades indígenas Huarpes–, la investigación revela cómo en un primer momento fueron los cazadores-recolectores locales los que adoptaron la agricultura, y posteriormente, cómo agricultores intensivos de maíz en épocas mucho más recientes enfrentaron estreses múltiples y una prolongada caída demográfica. Los autores proponen que la movilidad basada en vínculos de parentesco y redes amplias de contacto habrían servido como mecanismos de resiliencia frente a la inestabilidad.